América Latina: los nuevos movimientos de evangelización

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«No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva», así nos lo recuerda la encíclica Deus Caritas Est[1].

Después del Vaticano II, en la Iglesia hay un significativo florecer de movimientos, comunidades y carismas, sobre todo en el laicado, que, sin embargo, no dejan de plantearnos tensiones institucionales y carismáticas al interno de la comunidad eclesial.

La Iglesia latinoamericana particularmente se ha caracterizado por sus múltiples manifestaciones de fe. Es curioso notar que en la actualidad siguen proliferando algunos grupos o movimientos laicales con gran suceso, sobre todo por el número de nuevos adeptos que va en crecimiento. Muchas personas se unen a ellos como una manera novedosa de vivir la fe y que posibilita la conversión y reconducción a la vida cristiana. Algunos de estos movimientos tienen una repercusión local y otros internacional.

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En Venezuela, por ejemplo, sorprende el impacto de los retiros de Emaús[2], destinados a atraer laicos a la Iglesia y personas que habían abandonado la fe o simplemente no creían. Aunque se definen como un apostolado parroquial, tienen características particulares en su organización, parecidas a las asociaciones de fieles o movimientos.

Se originan por el año de 1978, en la Parroquia Saint Louis, Arquidiócesis de Miami, Florida, y han tenido gran acogida en muchos países de América Latina. Para la captación de personas que asisten al retiro, los ya miembros de este movimiento lo promocionan entre laicos que están alejados de la Iglesia o para quien quiera vivir una experiencia de fe intensa. Se propone no como cualquier vivencia, sino como la experiencia que cambiará por completo sus vidas, presentada como profunda, única e inolvidable. Son retiros dirigidos a hombres y a mujeres por separado.

Una vez que se realiza el retiro, si se es seleccionado, se puede servir en los próximos encuentros a los nuevos participantes. Hay una regla fundamental: lo que sucede en el retiro debe permanecer con las personas que lo viven; de esa manera, quien no lo ha hecho puede vivir su propia experiencia. Esto crea un elemento de curiosidad por parte de los que no han asistido, genera inquietud por los cambios inmediatos que se ven en quienes regresan, pero también crea una gran expectativa que despierta interés de quienes lo escuhan. Quizás, abusando de la simplicidad, podría verse el retiro como una mezcla interesante entre los conocidos Cursillos de Cristiandad y la Renovación Carismática Cristiana.

Pero no es un fenómeno aislado. En Brasil también surgen retiros que intentan acercar a las personas alejadas de la fe a una experiencia que transforme sus vidas. Por ejemplo, el «Encuentro de padres con Cristo»[3] que promueve experiencias dirigidas a públicos particulares: jóvenes en sus diversas franjas etarias, parejas casadas, no casadas o vueltas a casar, solteros, sacerdotes y religiosos.

Estos diversos retiros se instituyen en movimientos que continúan creciendo, como el movimiento de Emaús nacido en Sao Paulo en torno a los años 60[4]. Más recientes en Brasil son los Campistas[5] que, desde los años 80, se instauran también procedentes de EE. UU. y México, propuestos como un modo novedoso de evangelizar y animar a los participantes a involucrarse en sus comunidades y participar activamente en sus parroquias.

En Colombia, por ejemplo, ha tenido gran influencia la asociación privada de fieles “Lazos de Amor Mariano”[6], que se instaura como un movimiento laico que promueve la evangelización y la formación.

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Son solo algunos ejemplos de los diversos movimientos, apostolados y asociaciones que siguen surgiendo y creciendo. Toda esta realidad puede ser interpretada como un signo de que el Evangelio es siempre novedad y que la creatividad en las comunidades no se ha detenido; nos muestra una Iglesia viva, en búsqueda de experiencias de fe, en la que se enriquece con la Iglesia en los diferentes sectores y ambientes.[7] Sin embargo, nos plantea diversas interrogantes y cuestionamientos.

Algunos de estos movimientos enfatizan una renovación de vida, un cambio radical y preciso. Escuchamos frecuentemente testimonios de personas acerca de ciertos retiros que han supuesto un punto de inflexión en su historia, convirtiéndose muchas veces en férreos defensores de tales grupos y con la convicción de que quien no ha vivido la experiencia no ha conocido verdaderamente a Jesucristo.

Ciertamente este tipo de afirmaciones nos lleva a preguntarnos sobre el tipo de evangelización que se propone y, sobre todo, sobre la continuidad de dicho camino de fe. Muchos de quienes han realizado el retiro logran insertarse en una pastoral comunitaria parroquial; otros, sin embargo, permanecen en el limitado grupo de quienes les han ayudado a experimentar el cambio.

Por otro lado, pueden convertirse en grupos cerrados que se ven fortalecidos por una cierta seguridad que les brinda la cohesión interna, pero que, al cerrarse tanto en sí mismos, pueden ser lugares propicios para mantener en secreto ciertas irregularidades que surgen en cualquier grupo humano, sin dejarse permear por agentes externos en consonancia con el debido acompañamiento, poniendo en entredicho la transparencia y la apertura a una comunidad más amplia. En una realidad cerrada en sí misma pueden proliferar formas falsas de espiritualidad, abusos de poder y sistemas represivos.

El modo de promoción y captación de ciertos grupos particulares puede también convertirse en un método agresivo y manipulador. Algunos de ellos se centran en personas con un buen estatus económico, lo que les ayuda a financiar iniciativas propias, convirtiéndose en muchos casos en grupos elitistas y sectarios.

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Desde una perspectiva psicológica, ciertas experiencias espirituales pueden estar ligadas a dinámicas propias de grupos disfuncionales[8]. Si bien se propician vivencias espirituales fuertes, estas pueden quedarse en una experiencia afectiva ligada únicamente al grupo en sí mismo. Un fenómeno de este tipo puede llegar a aplacar la ansiedad o la frustración, enfatizando la moralidad y la adhesión grupal; sin embargo, ¿es esto lo propiamente cristiano? Esto podría corresponder más bien a un tipo de religiosidad funcional que sirve para aplacar afectos y «sentirse mejor».

Haría falta una etapa ulterior en la experiencia de fe, donde la persona, reconociendo la intensidad de la emoción, entienda que esta es solo un signo de un encuentro más auténtico con una Persona, abriéndose a un concepto de experiencia más amplio que asume toda la vida desde el seguimiento de Cristo. El paso de la experiencia afectiva debe comprometer al creyente con el Jesús encarnado, histórico, comprometido con el que sufre y el pobre.

Dar este paso implica entrar en una dinámica que provoca y no aletarga, que se abre a lo universal y no queda recluida en sí misma, que hace coincidir el propio deseo con el de Dios, que permea las relaciones sin excluirlas, que propicia una respuesta libre a la iniciativa divina y que se inserta plenamente en el horizonte de la comunidad eclesial.

Si el «acontecimiento» del que hablaba Benedicto XVI se reduce a un bienestar grupal, el horizonte de la vida no se ensancha, sino que se recluye. La verdadera madurez de estos carismas se demuestra cuando la respuesta del creyente es libre y no coaccionada, cuando no se distancia de la comunidad eclesial universal y cuando, en lugar de alimentar un secreto, se convierte en una luz transparente que no teme ser examinada. Solo así, el encuentro con la Persona de Cristo se traduce en una orientación decisiva que transforma toda la vida y no solo un momento de la sensibilidad.

Es allí donde entra el gran desafío del acompañamiento pastoral de la iglesia a estos movimientos, comunidades y asociaciones, como espacio de discernimiento entre institución y carisma.


[1] Benedicto XVI. Deus Caritas Est. Nº1.  https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html

[2] https://infovaticana.com/2017/12/31/los-retiros-emaus/#:~:text=Louis%20en%20Miami%20junto%20a,d%C3%A1ndole%20cabida%20en%20su%20di%C3%B3cesis.

[3] https://www.arquidiocesejoinville.com.br/acoes/pastorais-e-movimentos/encontro-de-pais-com-cristo-epc-

[4] https://emaus.org.br/nacional/o-movimento/historico/

[5] https://jornaluniao.com.br/noticias/religiao/movimento-campista-renova-a-fe-de-milhares-de-catolicos-e-realiza-encontro-nacional-em-curitiba

[6] https://es.catholic.net/op/articulos/21420/cat/784/movimiento-lazos-de-amor-mariano.html

[7] Cfr. Francisco. Evangelii Gaudium. Nº 29.

[8] Puede verse en: Rigon, S. “Gruppo, ambiente e leader”. Tredimensioni 4(2007) 65-72. https://www.isfo.it/files/File/Studi%203D/Rigon07.pdf

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